8 buenos libros ambientados en Madrid

8 buenos libros ambientados en Madrid

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Madrid, capital económica, administrativa y, claro, también cultural de España. Repasamos algunas de las lecturas que hemos reseñado en Madrid Secreto y las recopilamos en un artículo. Aquí tienes ocho buenos libros ambientados en Madrid.

1. La imagen secreta de Montero Glez (Pepitas Editorial, 2019)

Montero Glez se sirve de una entrevista a García Alix para presentar un Madrid que ya no existe y que evidentemente no volverá (“A las personas que crecimos en un Madrid antiguo, nuestra memoria nos lleva a andar a gatas por calles donde todavía existen las vaquerías empotradas en los edificios. Es el Madrid de los corrales, el Madrid de los traperos y del afilador, el Madrid de los serenos a los que se llamaban dando palmas”). Y también para presentar a la élite cultural de un movimiento marginal: marginal por crearse en los márgenes, marginal por no tener reconocimiento instantáneo. Una élite marginal multidisciplinar que está integrada por Iván Zulueta, por Camarón, por Ceesepe, por el propio García Alix o por el mismo Montero Glez. Una élite cultural que “es la música que un buen día, o una buena tarde, recogió en El Rastro de Madrid donde empezó todo a finales de los setenta del pasado siglo”.

Esta élite cultural (concepto, el de élite, que no me parece especialmente adecuado y que evidentemente no refiere a la posición socioeconómica de los integrantes) tiene morfología de generación. O de Generación. Generación es un término, por lo general, bastante depauperado: basta un mero factor contextual para aglutinar a una jurria de autores bajo el concepto generacional. Generación, si tenemos a bien entenderlo como los Beats, referiría a una unión no solo temporal, sino también afectiva e incluso colaborativa. Cosa que aquí sí que existe o existió; cosa de la que Montero Glez da buena cuenta.

2. Lo que cuentan los niños de Elena Fortún (Renacimiento, 2019)

El título –Lo que cuentan los niños (Renacimiento, 2019)– es lo bastante sugerente, expositivo y meridiano como para entrar a hablar de la sinopsis. Aun así: Lo que cuentan los niños es la intención, la voluntad y la acción de poner el foco en el sector más desprotegido de la sociedad (aquel, además, que ha sido precozmente integrado en la vida laboral) y conocer qué tienen que decir. Elena Fortún, en suma, entrevista a niños que trabajan.

Surge, entre estas páginas, el Madrid más social, más castizo y más popular de la época. Un relato de Madrid que no está construido por la burguesía, sino por niños con nombres, trabajo y apellidos. De hecho, la burguesía es el público al que va dirigido el mensaje, que se publicó en Gente Menuda, el suplemento infantil del ABC. Elena Fortún, entonces, es solo el catalizador o el mensajero de un mensaje que tiene en los niños a los emisores y a los receptores. De hecho, es tan notoria la diferencia de clase que prevé Fortún que muchas veces aclara determinadas cuestiones porque sabe que los niños de clases acomodadas no van a entenderlas.

3. Yas de Eduardo de los Santos (Alfaguara, 2020)

La literatura de Madrid en 2020, bien pensado, es un lienzo en blanco. O, mejor, un lienzo con compartimentos en el que cada escritor puede desarrollar sus historias. No pasa así, por ejemplo, con Barcelona, que es una ciudad reconocible desde el tropo literario: la demonización del turismo o la independencia —aunque Cercas en su última novela haya hecho una pirueta sin precedentes para evitar ambos temas— son tropos recurrentes y necesarios para el dibujo de la ciudad (Zanón, Morales, Torné…) en 2020. En Madrid, digo, no pasa eso porque Madrid no genera una opinión común y porque no se ha escrito un-gran-libro ambientado en Madrid en los últimos 10 años (otro tema sería hacer una lectura del retrato urbano de Jonás Trueba, pero ya decimos que ese es otro tema).

Eduardo de los Santos ha escrito su primera novela —Yas (Alfaguara, 2020)— y ya en la primera frase del libro da una pista de esto: “Madrid sigue siendo una ciudad de más de un millón de cadáveres y todos se me parecen”. Más de un millón de cadáveres como una cantidad ingente de zombies que pululan, que erran, como los personajes de la novela.

4. Los Modlin de Paco Gómez (Fracaso Books, 2015)

Antonio me dijo que una historia que le había contado le recordaba a la de Los Modlin; yo le dije que no tenía ni idea de qué me estaba hablando; él me pasó el tráiler de un documental; yo le pregunté que dónde podía verlo; él me dijo que no lo sabía, que lo vio en Matadero en su día; yo lo busqué en Filmin, en Netflix, en YouTube, en HBO y en Movistar + y fracasé en mi búsqueda. Me obsesioné y me frustré, hasta que pensé en una amiga que trabaja en una productora, le pregunté si sabía dónde podía encontrar ese documental, me dijo que sí, que era amiga personal del director y que le iba a preguntar: me pasó un link al documental. Lo vi, colmé mis necesidades y yo, que creo que la felicidad es doble si es compartida (sic), se lo pasé a toda aquella persona por la que siento un mínimo de aprecio.

La historia se diluyó en mi memoria y (spoiler) pasó a integrar una lista de apellidos que tengo en el móvil: linajes familiares que terminaron, así se llama la lista. Más tarde, buscando libros para reseñar en este medio que me da de comer, me encontré con que la historia de los Modlin no solo es un documental, sino que también es libro. Un libro de Paco Gómez. Y tras leerlo me encontré, también, con que el valor del libro es incuestionable y superlativamente superior al del documental (léanlo y sabrán por qué lo digo). Digo que, tras leerlo, me sentí vacío, huérfano de una historia, y quise contribuir (en medida de lo posible –con toda la humildad del mundo, eh, que no soy ningún megalómano– y con el trabajo de Pablo Pou y de Antonio Delgado, cámara y editor de vídeo respectivamente) a cumplir el sueño de los Modlin. A continuar lo que empezó Paco Gómez y a referenciar aquí la máxima romana: los humanos morimos dos veces: primero de forma biológica, luego en la memoria. En ese sentido, nuestra contribución (insisto) sería para dotar de inmortalidad memorística a una familia atemporal, bohemia y magnética. A los Modlin.

5. Europa de David Llorente (Alrevés, 2019)

Si metiésemos en una coctelera Mind Hunter, Madrid (como escenario), Akira, algo de Death NoteRendición de Loriga, algunos conceptos foucaultianos, Blade Runner, alguna cosa también de Agota Kristoff, otro poco de relato bíblico y un videojuego de construir civilizaciones tipo Age of Empire, es muy posible que el engrudo resultante tuviera un color parecido al de Europa (Alrevés, 2019) de David Llorente.

Europa —y lo digo huyendo del adjetivo “inclasificable” y pensando que no es necesario clasificar la novela por categorías, aunque a mí me facilite la labor de crítico y al posible lector de este artículo (entiendo), la posibilidad de saber de qué tipo de libro estamos hablando— es una novela negra, social, tecnológica, nihilista, psicótica, posmoderna, onírica, medioambiental.

6. Esa maldita pared de Flako (Libros del K.O, 2019)

Dos meses antes de cumplir 16 años, Flako vio salir a su padre por una alcantarilla con 23 millones de pesetas. Desde entonces, atracar bancos se convirtió en su profesión.

Acusado de cometer siete atracos a bancos por la técnica del butrón, su historia se quedó a las puertas del Goya con el largometraje Apuntes para una película de atracos, y la editorial Libros del K.O. publicó su autobiografía bajo el título Esa maldita pared.

7. La ciudad infinita de Sergio C. Fanjul (Reservoir Books, 2019)

Sergio C. Fanjul es un astrofísico converso al periodismo y a la poesía. Es, también, un paseante urbano, un flâneur contemporáneo de mirada costumbrista y pies inquietos que ha convertido Madrid en el foco de sus andaduras y en el epicentro de sus historias.

A lo largo de su senda literaria ha publicado cuatro poemarios, un libro de relatos y una recopilación de sus textos compartidos en Facebook. Su último trabajo es La ciudad infinita (Reservoir Books, 2019), un largo paseo con parada en los 21 distritos de la capital en donde aglutina historia, filosofía, anécdotas, reflexiones y ocurrencias espontáneas.

Dejó su Oviedo natal para marcharse a Madrid en 2001. Una vez allí, echó a andar. A cada paso fue descubriéndose ante sus pies y ante sus ojos una ciudad de ladrillo interminable cuyos barrios estaban dotados de personalidad propiaLa ciudad infinita es una descripción a título personal de la capital y de sus personajes, una observación exhaustiva de la vida madrileña.

8. Microgeografías de Madrid de Belén Bermejo (Plan B, 2019) 

Belén Bermejo es una editora literaria que saca fotos, pero que no es fotógrafa. Es más bien una paseadora con buen ojo que siente debilidad por la decandencia de los recovecos ignorados. Una Vivian Maier del siglo XXI que retrata los lugares en lo que nadie se fija y los dota de dignidad.

Su cámara, a veces la de su móvil, encuentra vida en lo anodino. Bermejo detecta la personalidad de una pared descascarillada, de una puerta vieja, de un suelo mojado. Enfoca y dispara. Así es como le devuelve su importancia a los paisajes menospreciados de la ciudad.

Microgeografías de Madrid (Plan B, 2019) es un álbum con los retratos de rincones olvidados que Bermejo ha recopilado durante una baja laboral. Los beneficios del libro se destinan por completo al área de Oncología Médica del Hospital de La Princesa de Madrid.





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