‘Acoge un Plato’: historias de vida que se cuecen entre fogones

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Entender la dimensión del problema de las personas refugiadas no es tarea casquivana. La cuestión flagrante de desplazados por conflictos bélicos, persecuciones políticas, religiosas, sexuales o raciales ha escaso nuevas cotas que se pensaban olvidadas desde la Segunda Guerra Mundial. La migración forzada es un proceso doloroso y destructivo, en el que muchos de ellos pierden la vida, aunque es un peligro que están dispuestos a pasar con tal de sobrevivir.

Shariffe es una refugiada afgana que huyó de una nación desolada por guerras interminables y a la que hoy en día se le considera un estado fallido. Cuando llegó a España ni siquiera había oreja dialogar del país una sola vez. Aprendió el idioma a cojín de comunicarse con la concurrencia, durante los diez primaveras que lleva viviendo aquí. Como ella, miles de refugiados de diferentes países (Siria, Venezuela y Colombia, principalmente) tratan de conmover a Europa a través de España. En 2018 hubo más de 50.000 solicitudes, de las que tres de cada cuatro son rechazadas y los servicios no dan abasto para un problema que parece acullá de solucionarse.

La Comisión Española de Ayuda el Refugiado (CEAR) lleva 40 primaveras luchando contra esta situación, ofreciendo hospicio, asesoramiento procesal, trabajo y mucha inclusión para un colectivo especialmente relajado. Uno de sus últimos proyectos se vehemencia ‘Acoge un Plato’, una iniciativa que comenzó en 2018 y cuyo objetivo no se limita solamente al deleite de comida de diferentes partes del mundo. Escudriñamiento tanto la inclusión de los refugiados y solicitantes de hospicio en España como la visibilización y humanización de su situación a fanales de los españoles.


Acoge un Plato se compone de una serie de cursos de cocina en el que personas refugiadas realizan recetas que aprendieron en su país y las enseñan a los asistentes, ayudados por Enrique Valiente, patriarca de Cocina de Causas CEAR, otro de sus grandes proyectos sociales. Las historias que rodean a estas recetas consiguen aportar mucho más que una experiencia gastronómica sin par: la comida es capaz de crear un vínculo que durará para siempre en la memoria de todos los participantes.

Historias de sabores que trasportan a otro espacio

El caso de Shariffe no es tan diferente de otros miles en España. Cuando entró en CEAR trabajaba en inocencia en el Centro de Acogida Temporal de CEAR en Getafe hasta que un día, le dieron la oportunidad de ejercitar como cocinera y enseñar en talleres lo que había aprendido durante primaveras en su tribu. “Me gusta explicar para la concurrencia. Es muy atún cuando aprenden qué hay en otras culturas y de qué forma se cocina. Cada espacio tiene su sabor”, comenta en una entrevista a Madridiario.

Una deliciosa prescripción de ‘mantu’, arroz ‘gabuli’ y ‘ferni’ fue la elegida por Shariffe en un showcooking de comida afgana en el Mercado de La Paz, que supuso su primer paso en los talleres solidarios: “Han cambiado mi visión de la vida, ha sido como iniciar de cero”. En su futuro taller enseñó a cocinar la ‘halva’, un postre muy particular que aprendió observando a su abuela cocinar: “Ver que esta prescripción que aprendí de pequeña es poco que me ha servido y es muy atún. Es como darle un sentido”, explica.



Patricia, que llegó a España hace más de tres primaveras desde Colombia, regentaba su propio restaurante y negocio de comida en el Valle del Cauca. “Quiero enseñarles a hacer todo lo que sé cocinar, todo lo que aprendí en Colombia”, explica la cocinera de la última estampado, ‘Taller solidario de cocina: ‘Celebraciones del Mundo’ del Mercado de Chamberí. En dicha ocasión enseñó a preparar una de sus especialidades, la deliciosa carne en rollo, que aprendió de su raíz cuando era “muy pupila”. “Estas delicias se utilizan en fiestas y ocasiones especiales para compartir todos en tribu. Para mi es una nostalgia conspicuo”, reconoce la cocinera. Los talleres solidarios han legado un transformación muy conspicuo a su vida y confiesa que la primera vez fue muy tierna: “Ese día lloré de emoción y ellos sintieron mi dispensa y mi dolor”. Admite que “poder realizar el oficio que yo tengo, alivia a uno”.

Por lo aprendido en los más de diez talleres que se han realizado hasta la data, el poder que tiene la comida de crear empatía es muy conspicuo. La cocina es una forma de revivir una historia y el sabor es la conexión con otro espacio. Un olor y un estilo son capaces de rememorar expresiones, muchos ligados a la tribu, que involuntariamente obligan a revivir momentos muy íntimos y significativos. “La cocina nos conecta con quienes somos, con nuestra historia”, recuerda Verónica Cheble, coordinadora estatal de marketing y portavoz de CEAR.



La cocina es una forma de revivir una historia y el sabor es la conexión con otro espacio

Tras el éxito de la pasada edición, CEAR celebrará su próximo ‘Taller solidario’ gastronómico el 30 de enero en el Mercado de Barceló. Participantes y refugiados se encontrarán de nuevo de 19:00 a 21:00 horas para disfrutar de la cocina de comida típica de Libia, Siria y Camerún, y, por supuesto, de su posterior degustación. En esta ocasión, el menú estará centrado en comida vegetariana y correrá a cargo de Lionel Zukam, cocinero del CEAR y refugiado camerunés, cuyas fórmulas se añadirán al recetario vivo adjunto a muchas otras de Afganistán, Costa de Marfil, Venezuela, Rusia, Irán, Turquía, Siria, Marruecos o Colombia.

El software se ha diseñado y desarrollado “en todo momento adjunto con ellos”, explica Verónica Cheble, coordinadora estatal de marketing y portavoz de CEAR: “Viene por fin a dialogar del hospicio y la inmigración a través de un tipo de la vida cotidiana como es la cocina”. El precio de cada curso es de 30 euros y un stop porcentaje va destinado a mejorar los programas de ayuda y distintas causas sociales de esta ONG.

Rompiendo mitos y barreras

El estilo por la comida es un ‘idioma universal’. Es la excusa para acercarse al otro, al diferente, y entender que existen muchas más razones para abrazar nuestras similitudes que para resaltar las diferencias, y ya de paso, eliminar ciertos estigmas sociales que lastran a un orden víctima de sus condiciones. “La forma de sensibilizar es mediante esa charla cercana con una persona que te está enseñando a cocinar poco de su civilización”. Gracias a ello “se rompen todos los mitos y barreras”, puntualiza la portavoz.

Este plan además es “una forma de proyectarte en dirección a el futuro”. Señala que quieren ofrecer “una inspección positiva, esperanzadora” para estas personas.

No se prostitución solo del lucro cultural gastronómico, sino de una forma de cascar fronteras y conocer otras realidades. De hecho, la prueba es que estas convocatorias “funcionan muy proporcionadamente”, destacan desde la estructura, y reconocen que “la idea es replicarlo en otros lugares”.

Explica Cheble que uno de los pilares de este plan consiste en “formar a más personas para que sean capaces de impartir estos talleres y poder conmover a más concurrencia”. El objetivo es poder expandir el maniquí para que otros refugiados puedan valerse de lo aprendido en sus países para trabajar en España mediante una formación gastronómica. “Ahora estamos tratando de conseguir acuerdos con escuelas de cocina para poder formarlos”, puntualiza. El sector escogido, la hostelería, funciona no solo por “ser un tema universal sino que en España es uno de los que más empleo genera”, destacan.



Además desde la estructura dan trabajo regular a estas personas gracias a un servicio social de catering llamado Causas CEAR, que organiza comidas para grandes eventos y se dedica a la manutención del Centro de Acogida Temporal de CEAR en Getafe. El entrada al mercado profesional es un aspecto muy importante para la superación de las adversidades de estas personas, y la retribución económica que conlleva supone su propia emancipación interiormente del sistema castellano. Gracias a ello “se contribuye a la superación del proceso de duelo que les supuso la huida de su país”.

Los mejores padrinos para un gran plan

La experta de la comisión explica que “la comida es la embajadora de esa civilización en otro espacio. Cuando los platos figuran en las cartas del espacio de acogida se dice que ya está aceptada la nueva civilización por parte de esa sociedad”. La importancia de tener un buen embajador es poco de lo que CEAR ha querido hacerse eco desde la presentación de su primera convocatoria, en la que el renombrado chef Pepe Rodríguez presentó en Madrid diez recetas de personas refugiadas y la reinterpretación de una de ellas, “en señal de inclusión y de acogida”, resaltan desde el centro.



Desde entonces, otros profesionales de renombre como Begoña Rodrigo, Iñaki Andradas, Luken Vigo, Espíritu celeste Palacio, Julio Fernández y Miguel Espíritu celeste Anciano se han sumado a esta causa, con sus propias reinterpretaciones de las recetas. Aseguran desde este círculo que “son geniales embajadores de esta campaña porque para crear cada plato viajan, se inspiran y traen ingredientes de otros lugares”. De momento, esta campaña se ha presentado en Madrid, Valencia, Canarias, Sevilla y próximamente en Málaga.

Un refugio para el desamparo

Otra iniciativa solidaria prevista para este año consiste en un Foodtruck de ‘Acoge un Plato’ para que opere en “festivales y propuestas que tengan una causa social”, adelantan en monopolio a Madridiario. Este plan está ideado para que sean personas refugiadas las que lo atiendan y se sirva comida de las recetas preparadas por ellos.

Si se desea colaborar de forma activa en esta causa, encima del taller de cocina, existen otras formas como hacerse socio del CEAR o realizar donativos. Se puede colaborar además participando en otros eventos como proyecciones de cine solidario, exposiciones y conciertos.





fuente: madridiario