Madrid de Puente a Puente: El Puente de Toledo, el Aprendiz de Río y Los Pontones

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EL PUENTE DE TOLEDO: ARTE, MONUMENTALIDAD E HISTORIA A PARTES IGUALES

Si bien este puente no es el más antiguo de Madrid, a juicio de la mayoría de los madrileños se puede decir que es el más bonito. Ciertamente destaca muchísimo por su porte, su elegancia, los detalles barrocos tanto en su trazado y miradores como en los templetes que cierran la entrada desde la Glorieta del Marqués de Vadillo, o los “retablos” en piedra que hermosean su parte central a ambas márgenes. Y este si se denomina Puente de Toledo con toda justicia: es la culminación de la Calle de Toledo (aunque su parte final se llamó Paseo de los 8 Hilos durante varios siglos) y si continuamos desde el puente en dirección Sur unos 70 kilómetros llegaremos a la “Ciudad Imperial”.

Puente de Toledo. Fotografía de María Jesús Pérez Moreno

Pero el puente que hoy contemplamos no es tampoco ni el primero, ni el segundo, ni el tercero que recibió este nombre y estuvo en este lugar. Apuntaremos algo evidente: la comunicación y tráfico entre las ciudades de Madrid y Toledo, dos de las ciudades más importantes del centro de la Península desde hacía varios siglos (Toledo mucho más que Madrid al principio) eran muy relevantes y fundamentales para ambas urbes. Así pues hubo bastantes puentes previos al que actualmente observamos. Incluso se apunta que ya en tiempos de la construcción del Puente de Segovia se realizó uno parecido a este en esta zona, pero no hay constancia de cuánto duró, lo cual señala su corta existencia. Si sabe que Juan Gómez de Mora, arquitecto de nuestra Plaza Mayor, realizó un Puente de Toledo en 1623 y que ya empezó a desfallecer hacia 1670. Después de un primer proyecto infructuoso, cinco arquitectos destacados forman un equipo que se compromete a finalizar las obras en tan solo 4 años. ¡Y lo cumplieron! Pero solo tres años después una riada se lleva por delante el puente y se culpa a los arquitectos de deficiencias en su construcción: se les condena a pagar la reconstrucción y se les manda al destierro. Si hicieran lo mismo con algún arquitecto actual que yo me sé…

Dos muy importantes arquitectos, José del Olmo y Teodoro Ardemans (los dos participan en la construcción de la Casa de la Villa), toman el testigo e inician nuestro Puente actual a finales del siglo XVII. Pero la Guerra de Sucesión y la inestabilidad política que ello trajo a España, y la muerte de José del Olmo, dan al traste con la obra, que solo queda iniciada. No será hasta la llegada de Francisco Antonio de Salcedo y Aguirre, el Primer Marqués de Vadillo, nombrado Corregidor de Madrid en 1715, cuando se retomó el proyecto, que ya tendrá al frente de las obras a Pedro de Ribera, uno de los arquitectos más importantes para Madrid. Y este arquitecto imprimió su toque barroco a la construcción: una especie de miradores o aliviaderos en línea con los torreones semicirculares que sustentan la estructura, remates muy estilizados en los pretiles de la construcción (en forma de “peón de ajedrez”; realmente un tallo vegetal, con una estructura aligerada rematada en una bellota), fuentes muy artísticas por la entrada de la Glorieta de Pirámides y unos pináculos con todo tipo de decoraciones barrocas (tendiendo a lo churrigueresco) en su entrada por la Glorieta del Marqués de Vadillo.

Pero su parte más espectacular y decorativa son los dos templetes que se encuentran en el centro del puente, con dedicatoria a Santa María de la Cabeza y a San Isidro. Ambos fueron diseñados por Pedro de Ribera y ejecutados con espectacular maestría por Juan de Ron y Villabrille, un escultor que también colaboró con Ribera para realizar la impresionante portada de acceso al Antiguo Hospicio de San Fernando, hoy Museo Municipal de Madrid. Ambos templetes tienen una estructura idéntica en cuanto a columnas, jarrones, querubines, cornucopias, guirnaldas, frontones, conchas, pilastras… pero se diferencian en los detalles de piedra caliza: escudo de España con las armas de Felipe V y el Milagro de San Isidro y el Pozo en uno de ellos; Santa María de la Cabeza (y su hijo Illán “sin cabeza”) y el escudo de Madrid en el otro.

Puente de Toledo. Fotografía de María Jesús Pérez Moreno

Muchas son también las restauraciones y reparaciones que sufrió este puente, desde el siglo XIX hasta la actualidad, y simplemente destacaré dos de ellas. Quizás muchos de nuestros lectores recuerden haber pasado en coche por este puente, ya que no se cerró al tráfico rodado y peatonalizó hasta la reforma de los años 70 del siglo pasado. Gracias a ello, hoy puede disfrutarse en toda su belleza y esplendor, y con total tranquilidad, con el único riesgo de ser atropellado por las bicis o patinetes, que son bastante frecuentes por cierto. Y otra reforma se refiere a un suceso trágico que destrozó parte de su pretil a la entrada por Pirámides (aún puede verse un trozo de murete de diferente color que lo atestigua). El 28 de Mayo de 1952, el tranvía que realizaba su trayecto desde la Plaza Mayor hacia Carabanchel (pasaba por el centro del puente), descarriló y terminó rompiendo parte del muro y precipitándose hacia el cauce del río. Varias causas se apuntan y todas ellas pueden ser correctas a la vez: mala conservación de los coches e infraestructuras, un corte en el sistema eléctrico, avería en los frenos, ausencia de carril desde la entrada al puente… Al parecer este tranvía había sido apartado del uso por su fallo en los frenos, pero se echó mano de él por la demanda de viajeros. El propio conductor sabía que no funcionaban los frenos y que descarrilaría desde que iba bajando por la Puerta de Toledo y fue ordenando a los pasajeros que saltasen como fuera, con lo que salvó numerosas vidas. Finalmente murieron 15 personas y el suceso marcó el inicio del fin de los tranvías, en detrimento del metro y autobús urbano.

EL APRENDIZ DE RÍO Y LOS PONTONES

Aunque nos parezca increíble en la actualidad, nuestro río Manzanares ha llevado en ciertas épocas un caudal inmenso de agua, que incluso llegó a provocar verdaderas riadas que destruyeron sus puentes en ciertas ocasiones. Cada vez que se derribaba un puente de cierta importancia, el trafico quedaba interrumpido hasta su nueva construcción, y esto, como hemos visto, podía durar décadas incluso. Por tanto, ¿Cómo continuar con la actividad cotidiana en estos momentos? Y, es más: si entre un puente y otro mediaban distancias muy grandes ¿Qué hacer para poder cruzar el río sin tener que dar rodeos innecesarios?

La respuesta es muy sencilla: Pontones. En el cauce del río se colocaban estructuras en piedra a base de pilares a una cierta distancia y se aplicaba una superficie plana a base de tablero para unir cada uno de los tramos. Podemos definirlo como puentes provisionales o puentes de menor entidad, pero cumplían perfectamente su labor. Y cuando un tablero se deterioraba, solamente hacía falta sustituirlo por otro, en cuestión de apenas horas. Hoy existe una calle con esta denominación, justo al lado de lo que queda del estadio Vicente Calderón: El Paseo de los Pontones.

Pero es evidente que no siempre llevaba tanta agua como para provocar tales destrucciones. Ni mucho menos. De hecho, la tónica general era que apenas llevara caudal a su paso por Madrid, y que por ello sufriera las burlas y chanzas de muchos que lo contemplaban, entre ellos nuestros mejores literatos del siglo de Oro. No en vano Tirso de Molina decía lo siguiente: “Como Alcalá y Salamanca / tenéis (y no sois Colegio) / vacaciones en verano / y curso solo en invierno”. O el propio Quevedo: “Manzanares, Manzanares / arroyo Aprendiz de Río… / más agua trae en un jarro / cualquier cuartillo de vino”.

También, se cuenta que en un pleno de principios del siglo XX a un concejal del área de urbanismo se le afeó que habían muerto ahogadas más personas en el Manzanares que en el Támesis, el Po y el Sena juntos ese año; él contestó de forma sencilla: “no es culpa nuestra, de sobra avisamos que el caudal es muy bajo y que hay peligro de darse con la cabeza en las rocas del fondo rápidamente”. Hasta un embajador del Antiguo Imperio Austro-húngaro, en una ocasión que visitó Madrid, dijo que el Río Manzanares era su preferido de entre todos los ríos de Europa (más que el Danubio, más que el Rin…) porque era el único río que podía cruzar a caballo sin tener que mojarse los pantalones.

Pero el caso más curioso, y enlazando con el tema de hoy, sucedió cuando el Concejo de Madrid pidió opinión a Lope de Vega, como insigne ciudadano de Madrid que era, sobre la reciente construcción de un nuevo puente en el Manzanares. Su respuesta fue muy sencilla: “miren ustedes: o se compran un río o venden el puente”. Con esto me despido por hoy, esperando que haya sido de vuestro agrado el artículo y que pronto podamos disfrutar in situ de estos dos monumentos que enseñorean el Manzanares a su paso por Madrid. En la siguiente parte continuaremos nuestro viaje. Mientras tanto, quedaos en casa!!!!

Post redactado por Álvaro Llorente para Espacio Madrid.
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Autor:
Soy un Historiador enamorado de Madrid, de sus rincones, calles, historias y leyendas. Llevo más de 10 años como Guía de Madrid, realizando rutas, explicando museos y mostrando lo mejor y más interesante de mi ciudad a quien me quiera acompañar y escuchar.

Desde hace un tiempo colaboro con Espacio Madrid redactando Artículos de Historia y Curiosidades de Madrid, realizando Visitas Guiadas Gratuitas y haciendo intervenciones de radio en M21, la radio de Ayuntamiento de Madrid.

Por otro lado, trabajo con mis socios en Cursos de Conocer Madrid, para profundizar más en el conocimiento de nuestra ciudad. Si quieres contactar conmigo, puedes hacerlo a través de mi correo electrónico [email protected] o de nuestra web www.madridenlapalmadetumano.com.