El 20 de noviembre de 2025, la Ciudad de México fue escenario de una marcha convocada por la Generación Z, un movimiento que busca visibilizar las inquietudes y demandas de una juventud que se siente marginada en el contexto político y social actual. A pesar de que la convocatoria prometía una gran participación, el evento se vio marcado por un reducido contingente de manifestantes y la ausencia de apoyo significativo por parte de la comunidad estudiantil, especialmente en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
La marcha comenzó en el emblemático Ángel de la Independencia, un lugar que ha sido testigo de numerosas movilizaciones a lo largo de la historia del país. Sin embargo, en esta ocasión, el número de participantes fue sorprendentemente bajo, con apenas un centenar de asistentes que se desplazaron hacia la glorieta de Amajac, en Paseo de la Reforma. La presencia de elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana fue notable, ya que establecieron un cerco que impidió el avance de los manifestantes hacia el Zócalo, un punto simbólico de la lucha social en México.
### La Voz de la Generación Z
Los manifestantes, en su mayoría adultos y personas de la tercera edad que se identificaron como “padres” de la Generación Z, expresaron su descontento con el gobierno actual y la situación que enfrenta la juventud. Durante la marcha, se escucharon consignas en contra del partido Morena, así como reclamos sobre la falta de oportunidades y recursos para la juventud. Una de las participantes, madre de un joven de esta generación, expresó su frustración al afirmar que “si tuviéramos un gobierno como el de Bukele aquí sí habría medicinas”, refiriéndose al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, conocido por sus políticas controvertidas pero efectivas en ciertos aspectos.
La marcha también fue un espacio para que los asistentes manifestaran su desesperación por la situación actual del país. Una mujer, con una pancarta que decía “S.O.S. USA”, clamaba por la ayuda de Estados Unidos, reflejando la percepción de que las soluciones a los problemas locales podrían venir de fuera. Este tipo de mensajes resuena con la idea de que la juventud se siente atrapada en un sistema que no les ofrece las herramientas necesarias para prosperar.
A pesar de la escasa participación, la movilización fue acompañada por una notable presencia de medios de comunicación y vendedores ambulantes, quienes, en algunos casos, superaron en número a los propios manifestantes. Esto pone de relieve la paradoja de un evento que, aunque buscaba visibilizar una problemática seria, se convirtió en un espectáculo mediático más que en una verdadera manifestación de la voz juvenil.
### La Falta de Apoyo Estudiantil
Uno de los aspectos más sorprendentes de la marcha fue la ausencia de estudiantes de la UNAM, quienes no respondieron a la convocatoria hecha para concentrarse en el mural de la Biblioteca Central. A pesar de que los medios de comunicación llegaron temprano para cubrir el evento, no se observó ningún grupo de estudiantes en el lugar, lo que plantea interrogantes sobre el interés y la capacidad de movilización de la juventud actual.
La falta de asistencia de los estudiantes puede interpretarse de diversas maneras. Algunos analistas sugieren que la apatía hacia la política y las movilizaciones es un fenómeno creciente entre los jóvenes, quienes pueden sentirse desilusionados por la falta de resultados tangibles en las luchas pasadas. Otros argumentan que la presión del trabajo y las responsabilidades cotidianas han llevado a muchos a priorizar sus actividades diarias sobre la participación en protestas.
Además, el cierre de vialidades y estaciones del Metro debido a la conmemoración del 20 de noviembre complicó aún más la llegada de posibles manifestantes. Las restricciones en el transporte público, que incluyeron el cierre de varias estaciones de Metro y Metrobús, pueden haber desalentado a aquellos que consideraban unirse a la marcha, lo que contribuyó a la escasa participación.
La situación de la marcha de la Generación Z es un reflejo de un contexto más amplio en el que la juventud se enfrenta a desafíos significativos, desde la falta de oportunidades laborales hasta la crisis de salud pública y la inseguridad. La desconexión entre las demandas de la Generación Z y la respuesta de las instituciones educativas y políticas es un tema que merece atención y análisis profundo.
En este sentido, es crucial que se generen espacios de diálogo y colaboración entre las diferentes generaciones y sectores de la sociedad. La voz de la juventud es fundamental para construir un futuro más inclusivo y equitativo, y es responsabilidad de todos trabajar para que sus demandas sean escuchadas y atendidas. La marcha del 20 de noviembre puede ser vista como un primer paso, aunque pequeño, hacia la construcción de un movimiento más sólido que represente verdaderamente a la Generación Z y sus aspiraciones.