El Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, celebrado el 25 de noviembre, se convierte en un momento crucial para reflexionar sobre la situación de las mujeres en México. Este año, la conmemoración se vio marcada por un contexto alarmante, donde las desapariciones forzadas han dejado una huella profunda en la sociedad. Desde hace casi dos décadas, diversas regiones del país han sido testigos de un fenómeno que no solo afecta a las víctimas directas, sino que también impacta a sus familias y comunidades. En este sentido, las mujeres no solo son víctimas, sino que también se convierten en las principales impulsoras de la búsqueda de justicia y verdad, como lo evidencian los colectivos de búsqueda que, en su mayoría, están compuestos por mujeres.
Las marchas que se llevaron a cabo en la capital y en otras ciudades del país fueron un claro reflejo de esta lucha. A pesar de que la participación fue menor a la esperada, con solo un millar de asistentes según estimaciones oficiales, el mensaje fue contundente: la exigencia de presentación con vida de los desaparecidos y la lucha contra la violencia sexual y la impunidad son temas que no pueden ser ignorados. La caminata, que partió de la Glorieta de las Mujeres que Luchan hacia el Zócalo, se caracterizó por un ambiente pacífico, contrastando con la violencia que había marcado manifestaciones anteriores. Sin embargo, es importante cuestionar si los actos de vandalismo que ocurrieron en la manifestación del 15 de noviembre pudieron haber desincentivado la participación en esta marcha pacífica.
Las mujeres que participaron en la marcha también se deslindaron de las críticas que provienen de sectores conservadores, quienes a menudo utilizan la demagogia para atacar al gobierno actual. Este deslinde es significativo, ya que refleja una clara postura en defensa de los derechos laborales, de género y de las disidencias. Las consignas y pancartas que se vieron durante la marcha evidencian el profundo malestar que sienten las mujeres ante un sistema que, de manera sistemática, vulnera sus derechos. Sin embargo, también es importante reconocer los avances que se han logrado en el último año.
La llegada de Claudia Sheinbaum Pardo a la jefatura de Estado representa un hito en la historia de México, no solo por ser la primera mujer en ocupar este cargo, sino también por la agenda de género que ha comenzado a implementar. A diferencia de otras líderes mundiales que han enfrentado críticas por sus políticas hacia las mujeres, Sheinbaum ha propuesto reformas significativas que buscan elevar la igualdad sustantiva y combatir la brecha salarial. En su tercer día en el cargo, envió al Congreso un paquete de iniciativas que incluye la paridad de género en los gabinetes de la Administración Pública Federal y de las entidades federativas.
Además, la transformación del Instituto Nacional de las Mujeres en una Secretaría de Estado es un paso importante que otorga un estatus ejecutivo a la política de género, asegurando que las políticas públicas tengan un enfoque claro en la igualdad. La mandataria ha continuado y reforzado programas sociales que benefician a las mujeres, y ha incluido un enfoque de género en la estrategia federal de seguridad. Esto incluye la homologación del feminicidio como tipo penal en todo el país y la obligatoriedad de que todas las fiscalías estatales cuenten con unidades especializadas en delitos de género.
La ley “el agresor sale de casa” es otra de las medidas que se han implementado, buscando proteger a las mujeres de la violencia intrafamiliar. Estos avances son el resultado de la lucha constante de las mujeres que han salido a las calles, desafiando la violencia y exigiendo sus derechos. La manifestación del 25 de noviembre no solo fue un grito de indignación, sino también una celebración de los logros alcanzados hasta ahora.
A pesar de los desafíos que aún persisten, es innegable que México ha experimentado cambios significativos en la lucha contra la violencia de género y la mentalidad machista. Las mujeres que marcharon el 25 de noviembre demostraron que su indignación es legítima y que la lucha pacífica es un camino viable para lograr cambios. La historia de la lucha por los derechos de las mujeres en México es una historia de resistencia, y cada paso hacia adelante es un testimonio del poder de la solidaridad y la determinación.
Es fundamental que la sociedad en su conjunto se sume a esta lucha, apoyando las iniciativas que buscan erradicar la violencia y promover la igualdad de género. La participación activa de todos los sectores es crucial para construir un futuro donde las mujeres puedan vivir sin miedo y con plenos derechos. La lucha por la eliminación de la violencia contra las mujeres no es solo una responsabilidad de las mujeres, sino de toda la sociedad. La conmemoración del 25 de noviembre debe ser un recordatorio de que la lucha continúa y que cada voz cuenta en este camino hacia la justicia y la igualdad.